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TOPONIMIA
Atolinga, palabra náhuatl que significa «lugar donde baja el agua», «lugar de juncias o espadañas» o «tular de agua». Popularmente, el pregón de la gente dice que significa agua linda, debido a la abundancia de agua limpia y transparente de los diversos manantiales.

ESCUDO
La representatividad religiosa se pone de manifiesto al enmarcar el emblema: por una parte, la cúpula perfectamente simétrica y, por otra, las paredes de cantera; ejemplificando la religión católica como base y organización de Atolinga.

El primer cuadrante indica el tular de agua que nace de los abundantes manantiales que caracterizaron el lugar, con un fondo de las juncias o espadañas típicas de algunos lugares.

En el segundo cuadrante el misionero religioso expresa la fe católica impuesta a nuestros antepasados.

El tercer grabado indica la actividad económica más importante, esto es, la agricultura; con abundantes lluvias y tierras vírgenes propicias para el cultivo de maíz; el sembrador con su yunta es una clara muestra de la naturaleza eminentemente agrícola de la gente.

Las dos cabezas de toro representan la ganadería (la segunda actividad más importante en le municipio), con abundantes pastizales para la crianza de los mismos.

El origen caxcán de los antepasados está fielmente expuesto mediante sus armas de guerra, en este caso los mazos o hachas de piedra.

El lema derivado del latín resume, en parte, la descripción exacta y fidedigna de lo que es Atolinga: «Altae vitae fons», que significa «fuente de alta vida».


RESEÑA HISTÓRICA

No se sabe con precisión quiénes fueron los primeros habitantes de la región y de lugares cercanos que le pertenecen. Los antepasados no dejaron vestigios de su paso por estas tierras. No existen jeroglíficos, ni papiros, ni petroglifos; tampoco hay estudios arqueológicos suficientes de la región que permitan sustentar alguna teoría.

Los habitantes primitivos del valle de Tlaltenango quizá llegaron tiempo después. No fundaron pueblo o aldea alguna: vivieron como nómadas en los valles y serranías, hasta que otra tribu (acaso más valiente y temeraria) llegó años después al mismo páramo y le pareció con buenos bosques, excelentes aguajes y con señoriales laderas para cuamiles. Se trata de los rústicos mexicanos, de quienes dice el padre Tello:

«...y allende la providencia y valle de Tlaltenango poblaron en ella 50 mil villanos o rústicos mexicanos y edificaron pueblos y los más señalados fueron Tlaltenango, Tepechitlán y el pueblo del Teúl».

Los historiadores dejan ver la manera en la que los primeros pobladores fueron obligados a refugiarse en las barrancas, en tanto que éstos, los rústicos mexicanos, fueron conformando centros de población como: Momax, Atolinga, Colulitén, Cicacalco, Huejúcar, Telesteipa, Temolasco, Temastián, Tepetongo, Tocatic, Totatiche y Teocaltiche.

Los caxcanes ocuparon el terreno en el que se sitúan los pueblos de Teocaltiche, Nochistlán, Mezticacán, Juchipila, El Teúl, Atolinga, Tepechitlán, Tlaltenango, Momax, Tenango, Jalpa, Mecatabasco, Tayahua, Mezquituta, Cuzpala, Magdalena, Tenayuca y Apulco con una población de 50 mil habitantes.

Descendientes de los aztecas, heredaron su carácter, idioma y rituales. Su gusto por la guerra quedó manifiesto a través de enfrentamientos que tuvieron con los zacatecos y nayaditas. Antes de la llegada de los españoles, y cuando éstos aparecieron, demostraron su destreza en la disciplina y la estrategia.

Disponían sus columnas de ataque con batallones de flecheros al frente, seguidos de guerreros que manejaban hondas y macanas. Los naturales de Atolinga supieron que pronto llegarían a su territorio hombres blancos y barbados gracias a las noticias que traían los «pochtecas», quienes llegaban a Tlaltenango, se trasladaban a Atolincan (nombre antiguo de Atolinga) y continuaban su misión comercial hacia Tepec, esto es, la región actual de Bolaños.

Antecedentes coloniales
Con el paso del tiempo, el vocablo Atolincan fue cambiado por Atolinga y el ingeniero Montañés cree que un grupo de familias de raza celta se asentaron en la región, un tanto alejados del ojo inquisidor de las autoridades de Tlaltenango y empezaron a trabajar la tierra. Y al respecto dice:
«Después de la conquista, los españoles vieron a Tlaltenango como tierra de promisión, colonizándola, dejando en el monte de Atolinga, como muestra la colonización, extensa zona habitada hasta nuestros días por moradores de la raza celta pura. Cabe explicar que hasta aquí, inexplicablemente vinieron semitas, perpetuándose en familias que llevan apellidos Leyva, Isais, Covarrubias, Castañeda, Bugarín.»

Lo cierto es que Atolinga formó, durante las centurias posteriores a la conquista, un grupo étnico cerrado y celoso del mestizaje y dejó sentir su influencia aun en la política y dirección de Tlaltenango.

Fue hasta el año 1561 cuando la tierra que hoy ocupa Atolinga fue denunciada ante la Real Audiencia de Guadalajara por Francisco Sernosa. Sin embargo, 10 años después, cuando este último vendió a Juan Fernández Quemada esta tierra, se supo que el sitio se componía de 4 mercedes:

Un sitio de ganado mayor: Atolinga.
Un sitio de ganado mayor: Cerritos
Una caballería de tierra. El Salto
Una caballería de tierra: Acatepulco.

Aunque ligeramente desfasado en cuestión cronológica, se presenta el contenido de este importante documento que habla sobre el primer Ayuntamiento que tuvo Atolinga en toda su historia. El manuscrito está en la caja 1814 del Archivo del Congreso de Jalisco y refiere lo siguiente:

«Los vecinos principales de la Congregación de Atolinga y su comprensión, Ayuda de parroquia del Curato de Tlaltenango con el más profundo respeto hacemos presente a V.S. y suplicamos se nos conceda la gracia de la creación de Ayuntamiento y alcaldes, por la distancia de más de seis leguas a la cabezera y que asciende a 678 almas y en los anexos que están circundados, desde media hasta dos leguas, es de 3 mil 700 almas como consta en los padrones acabados de entregar de 1º. Voto de dicha cabezera. Lograda esta gracia seguramente volverán a sus casas y hogareñas familias que se hallan (no perciben los perfiles de la palabra que sigue en la copia) en el fomento de la agricultura de su exercicio, y buena educación a la juventud según lo sancionado en la Constitución Política de Nuestra Monarquía Española, y de la que reciviremos merced.

Congregación de Atolinga y Enero 19 de 1814»
Este fue el primer Ayuntamiento de Atolinga y se formó desde el año de 1814, en apego a las leyes emanadas de la primera Constitución de España.

Ya en el siglo XIX, Atolinga pertenecía al partido de Tlaltenango y tenía 729 habitantes y el valor de su propiedad alcanzaba la cifra de 85 mil 146 pesos. En el año de 1887 se inauguró el camino de Atolinga a Tlaltenango para vehículos de rueda. La mayor parte estaba empedrada. Los habitantes de Atolinga hicieron algunos pequeños puentes en el trayecto. Años más tarde por este camino llegó a Atolinga el primer automóvil, un Ford Guayín, conducido por el coronel Encarnación Cortés Llamas.

El coronel Encarnación Cortés nacido en el rancho de Los Vela, Atolinga, fue un valiente revolucionario, que luchó al lado de Pancho Villa en la histórica toma de Zacatecas. Cuentan que en medio de una lluvia de balas llegó hasta donde se encontraba el enemigo cumpliendo una importante misión, acción que le valió el grado de coronel y el reconocimiento y aprecio del mismo Pancho Villa.

En el año de 1896 se empedraron las calles céntricas de la población, se recompuso la cárcel, se hizo un salón para la tesorería, se blanquearon las calles y las bardas que antes eran simples cercas.
A finales del siglo pasado, Atolinga tenía la categoría de cabecera de partido y el único pueblo sobre el cual tenía autoridad era sobre Momax y sus rancherías. En la época revolucionaria, el coronel Luis Moya entró al pueblo una tarde del 16 de marzo de 1911 acompañado de 90 jinetes bien armados que entraron gritando «Viva Madero», «Viva la virgen de Guadalupe». Siendo entonces presidente municipal Don Pascual Salinas, y con la aprobación del entonces vicario don Victoriano Mora, se echaron a vuelo campanas.

A finales de 1928, un grupo de cristeros al mando del revolucionario Luis Sánchez (apodado «Molonco»), originario de Totatiche, saqueó los archivos de lo que era la presidencia municipal y al grito de Viva Cristo rey y viva la virgen de Guadalupe quemó los documentos y evidencias importantes de los acontecimientos históricos de Atolinga y de sus alrededores.

La vestimenta típica de los hombres de Atolinga de hace 65 ó 70 años atrás era calzón de manta con cotense y camiseta cerrada también de manta, huaraches de correas y sombrero de sotol y, ante la escasez de chamarras en tiempo de frío, se enredaban en cobijas.

Debido a que el principal centro comercial de esta región era Tlaltenango, forzosamente había que trasladarse en remudas para vender y comprar los víveres más indispensables. Hasta que bajo una ordenanza del presidente municipal en turno de Tlaltenango prohibió terminante a todos los habitantes de Atolinga vestir en esas «fachas» y andar por las honorables calles de su ciudad a menos que se pusieran pantalones de pechera que era la moda de las grandes ciudades.

Así que los pobladores, al llegar al río (que posteriormente fue el puente de la virgen) se vestían con los incómodos pantalones; muchos de ellos tenían que pedirlos prestados. Ya de regreso, al cruzar el río, se los quitaban porque acababan rozados por lo que volvían a su cómoda vestimenta.

CRONOLOGÍA DE HECHOS HISTÓRICOS

Año Acontecimiento
1561 Francisco Sernosa denuncia a su favor la tierra que hoy ocupa el municipio ante la Real Audiencia de Guadalajara.
1814 Se forma la Congregación de Atolinga
1887 Se inaugura el camino de Atolinga a Tlaltenango para vehículos de rueda.
1896 Se construye la cárcel y la tesorería.
1911 Llega el coronel Luis Moya acompañado de 90 jinetes.
1917 Es declarado Municipio Libre.
1928 Luis Sánchez, encabezando a un grupo de cristeros, saquea los archivos de la Presidencia Municipal y al grito de ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva la Virgen de Guadalupe! quema todos los documentos oficiales.

BIBLIOGRAFÍA
IINEGI. 1995 y 2000
CASAS C., Bernardo. «Monografía». Atolinga, Zacatecas.
Archivo: Oficina de Desarrollo Económico y Social de Atolinga.
Archivo: Libros de Gobierno
Parroquia de San Cayetano.
Archivo Oral: Sres. Salvador Serrano, Pedro del Real, Juan Francisco Tejeda, Apolonio Figueroa y Sra. Guadalupe Sánchez.
Fotografía: L. A. José Luis Figueroa Castañeda.

CRÉDITOS
Recopilación y redacción: Prof. José de Jesús González Domínguez y L.A. José Luis Figueroa Castañeda.

GOBIERNO

PRINCIPALES LOCALIDADES
La Laguna Grande, El Durazno, Los Adobes, Villa Hidalgo, La Estancia, El Cerrito, Pelón, Los Vela, Los Cerritos, Charcuelos, Talpa, Terreros, Covarrubias, Juantón, La Ciénega, Anacasquilco y Acatepulco

ORGANIZACIÓN DEL AYUNTAMIENTO
Ayuntamiento 2004–2007
Presidente municipal
Síndico
6 Regidores de mayoría relativa
4 Regidores de representación proporcional
Comisión Responsables Seguridad pública Presidente municipal De obras públicas 1er. regidor Desarrollo económico 2º. regidor Ecología 3er. regidor De hacienda Síndico

ORGANIZACIÓN Y ESTRUCTURA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA MUNICIPAL

AUTORIDADES AUXILIARES
Cada localidad cuenta con un representante al que la Presidencia Municipal le denomina delegado. Ellos son la conexión entre los problemas comunes de la ciudadanía externado hacia la cabecera municipal, así como al mantenimiento del orden público dentro de su demarcación territorial. Participa de igual manera en la formulación de planes y programas municipales.

REGIONALIZACIÓN POLÍTICA
El municipio de Atolinga se encuentra ubicado dentro del VII Distrito Local o regional y el quinto distrito electoral federal.

REGLAMENTACIÓN MUNICIPAL
Se rige principalmente por la Ley Orgánica del Municipio y por el Bando de Policía y Buen Gobierno.

CRONOLOGÍA DE PRESIDENTES MUNICIPALES
Presidente Municipal Añode Iniciode Gobierno Partido Político
Braulio Rivera Covarrubias 1950 PRI
Elías Rosales Castañeda 1951 PRI
Salvador E. Sánchez 1953 PRI
Manuel Rosales y Esteban Bugarín PRI
Esteban Bugarín 1954 PRI
Estanislao Salinas Ávila PRI
Estanislao Salinas Ávila 1955 PRI
Genaro Bugarín 1956 PRI
Fidencio Castro Tejeda 1959 PRI
Amador Bugarín González 1962 PRI
Estanislao Salinas Ávila 1965 PRI
Rafael Arteaga Bugarín 1968 PRI
Rafael Arteaga Bugarín 1969 PRI
Adolfo del Real PRI
Adolfo del Real 1970 PRI
Ricardo Bugarín González 1971 PRI
Teófilo Bugarín Serrano 1974 PRI
Guadalupe Rosales González 1977 PRI
Jesús Castañeda Valdez 1980 PRI
Amador Bugarín González 1983 PRI
Fidencio Castro Tejeda 1986 PRI
J. Isabel López Miramontes 1989 PRI
Rubén Rosales Paredes 1993 PRI
Rutilio Castañeda Casas 1995 PRI
V. Alejandro Castañeda Orozco 1998 PAN
Pedro Jara Delgado 2001 PRD
Rodolfo Castro López 2004 PAN

RESEÑA HISTÓRICA
No se sabe con precisión quiénes fueron los primeros habitantes de la región y de lugares cercanos que le pertenecen. Los antepasados no dejaron vestigios de su paso por estas tierras. No existen jeroglíficos, ni papiros, ni petroglifos; tampoco hay estudios arqueológicos suficientes de la región que permitan sustentar alguna teoría. Los habitantes primitivos del valle de Tlaltenango quizá llegaron tiempo después. No fundaron pueblo o aldea alguna: vivieron como nómadas en los valles y serranías, hasta que otra tribu (acaso más valiente y temeraria) llegó años después al mismo páramo y le pareció con buenos bosques, excelentes aguajes y con señoriales laderas para cuamiles. Se trata de los rústicos mexicanos, de quienes dice el padre Tello:
«...y allende la providencia y valle de Tlaltenango poblaron en ella 50 mil villanos o rústicos mexicanos y edificaron pueblos y los más señalados fueron Tlaltenango, Tepechitlán y el pueblo del Teúl».
Los historiadores dejan ver la manera en la que los primeros pobladores fueron obligados a refugiarse en las barrancas, en tanto que éstos, los rústicos mexicanos, fueron conformando centros de población como: Momax, Atolinga, Colulitén, Cicacalco, Huejúcar, Telesteipa, Temolasco, Temastián, Tepetongo, Tocatic, Totatiche y Teocaltiche.
Los caxcanes ocuparon el terreno en el que se sitúan los pueblos de Teocaltiche, Nochistlán, Mezticacán, Juchipila, El Teúl, Atolinga, Tepechitlán, Tlaltenango, Momax, Tenango, Jalpa, Mecatabasco, Tayahua, Mezquituta, Cuzpala, Magdalena, Tenayuca y Apulco con una población de 50 mil habitantes.
Descendientes de los aztecas, heredaron su carácter, idioma y rituales. Su gusto por la guerra quedó manifiesto a través de enfrentamientos que tuvieron con los zacatecos y nayaditas. Antes de la llegada de los españoles, y cuando éstos aparecieron, demostraron su destreza en la disciplina y la estrategia.
Disponían sus columnas de ataque con batallones de flecheros al frente, seguidos de guerreros que manejaban hondas y macanas. Los naturales de Atolinga supieron que pronto llegarían a su territorio hombres blancos y barbados gracias a las noticias que traían los «pochtecas», quienes llegaban a Tlaltenango, se trasladaban a Atolincan (nombre antiguo de Atolinga) y continuaban su misión comercial hacia Tepec, esto es, la región actual de Bolaños.
Antecedentes coloniales
Con el paso del tiempo, el vocablo Atolincan fue cambiado por Atolinga y el ingeniero Montañés cree que un grupo de familias de raza celta se asentaron en la región, un tanto alejados del ojo inquisidor de las autoridades de Tlaltenango y empezaron a trabajar la tierra. Y al respecto dice:
«Después de la conquista, los españoles vieron a Tlaltenango como tierra de promisión, colonizándola, dejando en el monte de Atolinga, como muestra la colonización, extensa zona habitada hasta nuestros días por moradores de la raza celta pura. Cabe explicar que hasta aquí, inexplicablemente vinieron semitas, perpetuándose en familias que llevan apellidos Leyva, Isais, Covarrubias, Castañeda, Bugarín.»
Lo cierto es que Atolinga formó, durante las centurias posteriores a la conquista, un grupo étnico cerrado y celoso del mestizaje y dejó sentir su influencia aun en la política y dirección de Tlaltenango.
Fue hasta el año 1561 cuando la tierra que hoy ocupa Atolinga fue denunciada ante la Real Audiencia de Guadalajara por Francisco Sernosa. Sin embargo, 10 años después, cuando este último vendió a Juan Fernández Quemada esta tierra, se supo que el sitio se componía de 4 mercedes:
Un sitio de ganado mayor: Atolinga.
Un sitio de ganado mayor: Cerritos
Una caballería de tierra. El Salto
Una caballería de tierra: Acatepulco.
Aunque ligeramente desfasado en cuestión cronológica, se presenta el contenido de este importante documento que habla sobre el primer Ayuntamiento que tuvo Atolinga en toda su historia. El manuscrito está en la caja 1814 del Archivo del Congreso de Jalisco y refiere lo siguiente:
«Los vecinos principales de la Congregación de Atolinga y su comprensión, Ayuda de parroquia del Curato de Tlaltenango con el más profundo respeto hacemos presente a V.S. y suplicamos se nos conceda la gracia de la creación de Ayuntamiento y alcaldes, por la distancia de más de seis leguas a la cabezera y que asciende a 678 almas y en los anexos que están circundados, desde media hasta dos leguas, es de 3 mil 700 almas como consta en los padrones acabados de entregar de 1º. Voto de dicha cabezera. Lograda esta gracia seguramente volverán a sus casas y hogareñas familias que se hallan (no perciben los perfiles de la palabra que sigue en la copia) en el fomento de la agricultura de su exercicio, y buena educación a la juventud según lo sancionado en la Constitución Política de Nuestra Monarquía Española, y de la que reciviremos merced.
Congregación de Atolinga y Enero 19 de 1814»
Este fue el primer Ayuntamiento de Atolinga y se formó desde el año de 1814, en apego a las leyes emanadas de la primera Constitución de España.
Ya en el siglo XIX, Atolinga pertenecía al partido de Tlaltenango y tenía 729 habitantes y el valor de su propiedad alcanzaba la cifra de 85 mil 146 pesos. En el año de 1887 se inauguró el camino de Atolinga a Tlaltenango para vehículos de rueda. La mayor parte estaba empedrada. Los habitantes de Atolinga hicieron algunos pequeños puentes en el trayecto. Años más tarde por este camino llegó a Atolinga el primer automóvil, un Ford Guayín, conducido por el coronel Encarnación Cortés Llamas.
El coronel Encarnación Cortés nacido en el rancho de Los Vela, Atolinga, fue un valiente revolucionario, que luchó al lado de Pancho Villa en la histórica toma de Zacatecas. Cuentan que en medio de una lluvia de balas llegó hasta donde se encontraba el enemigo cumpliendo una importante misión, acción que le valió el grado de coronel y el reconocimiento y aprecio del mismo Pancho Villa.
En el año de 1896 se empedraron las calles céntricas de la población, se recompuso la cárcel, se hizo un salón para la tesorería, se blanquearon las calles y las bardas que antes eran simples cercas.
A finales del siglo pasado, Atolinga tenía la categoría de cabecera de partido y el único pueblo sobre el cual tenía autoridad era sobre Momax y sus rancherías. En la época revolucionaria, el coronel Luis Moya entró al pueblo una tarde del 16 de marzo de 1911 acompañado de 90 jinetes bien armados que entraron gritando «Viva Madero», «Viva la virgen de Guadalupe». Siendo entonces presidente municipal Don Pascual Salinas, y con la aprobación del entonces vicario don Victoriano Mora, se echaron a vuelo campanas.
A finales de 1928, un grupo de cristeros al mando del revolucionario Luis Sánchez (apodado «Molonco»), originario de Totatiche, saqueó los archivos de lo que era la presidencia municipal y al grito de Viva Cristo rey y viva la virgen de Guadalupe quemó los documentos y evidencias importantes de los acontecimientos históricos de Atolinga y de sus alrededores.
La vestimenta típica de los hombres de Atolinga de hace 65 ó 70 años atrás era calzón de manta con cotense y camiseta cerrada también de manta, huaraches de correas y sombrero de sotol y, ante la escasez de chamarras en tiempo de frío, se enredaban en cobijas.
Debido a que el principal centro comercial de esta región era Tlaltenango, forzosamente había que trasladarse en remudas para vender y comprar los víveres más indispensables. Hasta que bajo una ordenanza del presidente municipal en turno de Tlaltenango prohibió terminante a todos los habitantes de Atolinga vestir en esas «fachas» y andar por las honorables calles de su ciudad a menos que se pusieran pantalones de pechera que era la moda de las grandes ciudades.
Así que los pobladores, al llegar al río (que posteriormente fue el puente de la virgen) se vestían con los incómodos pantalones; muchos de ellos tenían que pedirlos prestados. Ya de regreso, al cruzar el río, se los quitaban porque acababan rozados por lo que volvían a su cómoda vestimenta.
CRONOLOGÍA DE HECHOS HISTÓRICOS

Año Acontecimiento
1561 Francisco Sernosa denuncia a su favor la tierra que hoy ocupa el municipio ante la Real Audiencia de Guadalajara.
1814 Se forma la Congregación de Atolinga
1887 Se inaugura el camino de Atolinga a Tlaltenango para vehículos de rueda.
1896 Se construye la cárcel y la tesorería.

1911 Llega el coronel Luis Moya acompañado de 90 jinetes. 1917 Es declarado Municipio Libre.
1928 Luis Sánchez, encabezando a un grupo de cristeros, saquea los archivos de la Presidencia Municipal y al grito de ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva la Virgen de Guadalupe! quema todos los documentos oficiales.

NOMENCLATURA
DENOMINACIÓN- Atolinga

TOPONIMIA- Atolinga, palabra náhuatl que significa «lugar donde baja el agua», «lugar de juncias o espadañas» o «tular de agua». Popularmente, el pregón de la gente dice que significa agua linda, debido a la abundancia de agua limpia y transparente de los diversos manantiales.
ESCUDO
La representatividad religiosa se pone de manifiesto al enmarcar el emblema: por una parte, la cúpula perfectamente simétrica y, por otra, las paredes de cantera; ejemplificando la religión católica como base y organización de Atolinga.
El primer cuadrante indica el tular de agua que nace de los abundantes manantiales que caracterizaron el lugar, con un fondo de las juncias o espadañas típicas de algunos lugares.
En el segundo cuadrante el misionero religioso expresa la fe católica impuesta a nuestros antepasados.
El tercer grabado indica la actividad económica más importante, esto es, la agricultura; con abundantes lluvias y tierras vírgenes propicias para el cultivo de maíz; el sembrador con su yunta es una clara muestra de la naturaleza eminentemente agrícola de la gente.
Las dos cabezas de toro representan la ganadería (la segunda actividad más importante en le municipio), con abundantes pastizales para la crianza de los mismos.
El origen caxcán de los antepasados está fielmente expuesto mediante sus armas de guerra, en este caso los mazos o hachas de piedra.
El lema derivado del latín resume, en parte, la descripción exacta y fidedigna de lo que es Atolinga: «Altae vitae fons», que significa «fuente de alta vida».

Atolinga, Zacatecas
Cabecera Municipal de Atolinga. Localizada a 193 Km. al suroeste de la capital del estado, 170 Km. sobre la carretera federal 23 (a 23 km. al poniente de Tlaltenango )

Atolinga, como los demás pueblos aledaños, fue originalmente poblada por caxcanes. Atolinga o Atoyinca es palabra azteca que significa "lugar de espadañas o donde baja el agua" Desde el año de 1561, fue denunciado y registrado este lugar en la Audiencia de Guadalajara. En 1824 se erige en municipalidad y, finalmente, en 1918 se convierte en Municipio Libre.

En torno a este lugar se localizan importantes vestigios arqueológicos conformados por algunas ruinas y teocallis. Su fiesta Regional se celebra en honor a San Cayetano, en cuyo honor se ofrecen peregrinaciones, danzas de Palma y fuegos pirotécnicos. Otras actividades que se realizan son bailes populares, serenatas, carreras de caballos, charreadas, verbenas y juegos mecánicos. Son famosos sus trabajos de talabartería que se bordan con fibra de maguey (pita), también elaboran piezas de piedra como: (piedras para molino, molcajetes y metates).


SE DICE DE LA HISTORIA

A travez de los años, Atolinga a sido un lugar histórico por su localización en punto estratégico antes de la modernalidad.

Fue ahí, donde se llevo a cabo la primera reunión entre mensajeros de Tecoroli procedentes de Atepec (Bolaños Jal.). Lejos de anticipacion, terminaria la asaña semanas despues en el cerro del mixton.

Bajaron a Tlaltenango, pues traían consigo la buena nueva. Desobedecer a los españoles y correr al encomendero. Se reunieron con señores y maceguales y decidieron dar inicio a su descontento de 20 años. Absoluto dominio, confundas y dioses que jamás habían escuchado. Gente que les pedía toda su cosecha.

Quemaron la Iglesia de paja y dieron viada al cura. Siguieron rumbo al sur, un importante asentamiento Caxcan se localizaba en el Teul.

Cruzaron la sierra de morones pues se dirigían a Nochistlan. A su paso se les unia gente. Su marcha requería de valientes y decididos para hacer frente al enemigo. Pasaron por Tayahua, Juchipila, Jalpa y pueblos a su paso. Crecia el numero de valientes y testarudos caxcanes que ya en ese entonces eran famosos por defender con y contra todo su honor y fidelidad a su adorado dios Tecoroli. Pues se decía, que encontrarían vida después de la muerte. Mas, habia que ganarlo con meritos y valentia.

Llegaron a Nochistlan. Ahí les recibió Tenamaxtle. Les escucho, hablaron y le mostraron su plan. Eran numerosos los seguidores. Juan, aquel indio ágil, de tesón entrañable y decidió a todo, estaba dispuesto a las ultimas consecuencias. Pues era perseguido por Juan de Oñates y Antonio de Mendoza. El 6 de Julio de 1641, se atrincheraron en el cerro del mixton. De Mendoza intentando con todo, despues de varios dias decide pedir ayuda. Le envíaron reesfuerzos desde México y los españoles cofundidos, no entendían como era que aquellos indios permanecían trepados en la pequeña meseta con la unica salida vigilada y sin agua o comida, Una vez que los españoles tomaron control, Tenamaxtle escurridizamente había desaparecido. Fue capturado y exhibido por las calles de Nochistlan para intimidar a los que pensaran revelarse. Cuentan que era la tercera vez que lo capturaban.

El fin de Tenamaxtle nadie lo sabe. Lo llevaron cautivo para España y documentan que lo entregaron al rey. Pudo ver sido victima de enfermedades a las cuales no eran inmunes y murió sin que se le reconociera su gran valentía. Mas bien, visto como otro incorregible rejego.

Queda pues claro que Atolinga era pieza clave en los años de ajuste para ambas culturas.

Hoy en día los rasgos de nuestros antepasados se encuentran por todos lados. Costumbres, rasgos físicos, tradiciones y ante todo el amor a nuestra tierra.

Si bien, ya no peleamos con armas, si luchamos contra todo para proveer y proteger nuestro núcleo familiar.
Por Amador Yañez Julio del 2001



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Telefonos: Presidencia Municipal. (437) 954-1400. Parroquia San Cayetano. (437) 954-1423.

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